Bodegas Portia - Ribera del Duero

Bodegas Portia – Ribera del Duero

Segunda parte del artículo escrito para la Revista Castilla y León Económica y publicado en En Tu Copa.

Perfil del turista del vino español

Según el “Análisis Demanda Rutas del Vino”, elaborado por la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN), el mercado de turismo enológico en España es principalmente de proximidad, con un 80,6% de turistas de nacionalidad española, siendo Cataluña la principal zona emisora. En cuanto a visitantes internacionales predomina el mercado alemán, que concentra un tercio de los enoturistas extranjeros, seguidos de franceses y estadounidenses.

El medio de transporte habitual resulta ser el coche, con un 78,8%, siendo el segmento de edad principal el situado entre los 36 y 55 años (un 45,0%). A nivel mundial, el enoturista es predominantemente masculino (67,0%), tendencia menos marcada en el caso español, donde los hombres representan un 55,0%. En cuanto al tema del alojamiento, el hotel de 4 estrellas es el más utilizado (28,0%), seguido de las siempre socorridas casas de familiares y amigos.

El enoturista, se gasta por término medio 127,1 euros al día, frente a los 100 euros de media que gasta el turista genérico, excluyendo los desplazamientos, y concentrados principalmente en alojamiento y restauración.

Por lo general, en España, el enoturismo es una actividad que se realiza en grupo y con la familia, con un grupo medio de 3 a 5 personas, siendo las actividades a desarrollar la visita a bodegas (20,0%), degustación de vinos (15,0%) y degustación de la gastronomía local (15,0%).

En España la estancia media es de 2,6 días, respondiendo a escapadas de fin de semana y puentes, y se trata de un tipo de turismo que fideliza bastante, pues un 55,0% de los encuestados por ACEVIN declara haber visitado el mismo destino entre 1 y 2 veces, y el grado de satisfacción de experiencia turística es muy elevada, del 92,0%

El sistema de reservas predominante es el teléfono (26,0%) o internet (15,0%). Hay que destacar la nula presencia de las agencias de viajes en este segmento turístico, dando la espalda a una realidad que en el ejercicio 2011, sumó hasta 1.500.000 clientes.

En definitiva, comparando España con otros destinos enoturísticos, se constata cómo el producto aún se encuentra en una fase inicial, con gran peso de la demanda doméstica por encima de otros destinos mundiales, elevado porcentaje de visitantes sin reserva previa, desconocimiento de otros destinos enoturísticos de referencia, etc. Sin embargo, se trata de un producto desestacional, con grado de satisfacción muy elevado, vinculado a un gasto turístico por encima de la media y complementario con otros recursos culturales y gastronómicos.

Como vemos, hay ya una demanda incipiente de turismo enológico, que en comunidades como la de Castilla y León, que cuenta con 9 Denominaciones de Origen de mayor o menor prestigio, pero amplio reconocimiento dentro y fuera de nuestras fronteras, con un increíble patrimonio natural, cultural y gastronómico, y sin el recurso fácil del turismo genérico español: la playa, debería tomarse muy en serio.

Del amplio abanico de Denominaciones de Origen castellanoleonesas, han sido la Ribera del Duero y Bierzo quienes han tomado la iniciativa, contando ya con Ruta del Vino certificada por Rutas del Vino de España. En el caso de Ribera, lo gestiona un Consorcio, constituido por empresas privadas como bodegas y establecimientos hosteleros, y administraciones públicas, cuya presencia entiendo justificada únicamente por la aportación y gestión de fondos públicos que se realiza desde el Consorcio, pero que hace que la ejecutividad y practicidad de las acciones a desarrollar sea como mínimo cuestionable, imponiendo en ocasiones criterios y condiciones eminentemente administrativistas muy alejadas del dinamismo del sector.

Por parte de la Junta de Castilla y León, en la pasada edición de FITUR, ya dio un pequeño espacio a la Ruta de Vino de la Ribera del Duero en su stand institucional. Se trata de algo muy testimonial, pero al menos parece que nuestra administración regional se va dando cuenta del gran potencial que esta actividad tiene en nuestra región.

Por último, sería también deseable una mayor colaboración por parte de los organismos que gestionan nuestra red de carreteras. Ese primer punto que destacábamos del éxito de Napa Valley, la señalización y rotulación de los accesos a las bodegas, clave para que los turistas puedan acceder a nuestras instalaciones, es en España aún una quimera. En muchos casos es sólo una misión imposible.

Cuando se publiquen estas líneas estará más próxima la vendimia, esa época del año en que el mosto de la uva se convierte en vino. Como dijo Víctor Hugo, “Dios no hizo más que el agua, pero el hombre hizo el vino”. Aprovechemos que ya hay bodegas pioneras en Castilla y León volcadas con el enoturismo, alguna de ellas obra de arte de la arquitectura, como Bodegas Portia, en Ribera del Duero, levantada por Norman Foster y hagamos enoturismo: visitemos bodegas, volemos en globo entre viñedos, aprendamos a distinguir un gran vino, comamos entre las cepas. En fin, ayudemos a que aunque sólo sea, la palabra enoturismo figure en el Diccionario.

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