Huelga hablar de la importancia para una bodega de su presencia en Internet, de hecho prácticamente el 100% de las bodegas españolas tienen una página web, y de ellas, el 25% declaran que realizan ventas online, según datos del Observatorio Español del Mercado del Vino.

Sin duda, teniendo en cuenta la precaria situación del mercado español del vino, nuestros esfuerzos han de volcarse en el comercio exterior, y la web de nuestra bodega es una herramienta muy eficaz para apoyar a nuestra fuerza comercial.

Son cuatro las etapas que se suelen considerar en cuanto a la evolución de la presencia internacional de una empresa en internet:

  1. La primera etapa es la de la Web Corporativa, la web es poco más que una simple digitalización de los folletos tradicionales, a manera de tarjeta de presentación. En esta etapa se quedan el 70% de las bodegas. Su razón de ser es el informar.
  2. Superada la fase anterior, viene la etapa de la Web Activa, que se centra más en los clientes, y que busca incentivar el consumo offline. Está centrada en interactuar.
  3. La tercera etapa es la de la Web e-Commerce, cuyo objetivo es la venta y exportación online. Su misión es vender.
  4. La última etapa es la Multi Web, una web adaptada a las particularidades culturales de cada mercado. Es una fase a la que tan sólo suelen acceder los grandes grupos multinacionales.

En cuanto a lo que esperan nuestros clientes potenciales de nuestra página web, y que por desgracia muy pocas veces se da en la mayoría de webs de bodegas, que se diseñaron hace ya algún lustro y apenas han recibido actualizaciones podemos resumirlo en los siguientes puntos:

  1. Una web que cargue rápido. ¿Hay algo más odioso que esas interminables cargas flash de la página de introducción? o, ¿Esas insufribles músicas de fondo? No hagamos perder el tiempo ni la paciencia a nuestros clientes.
  2. Que el contenido transmita claramente lo que queremos, somos una bodega, qué ofrecemos. Menús claros, en los que nuestros clientes encuentren exactamente lo que les interesa.
  3. Que el contenido que incluimos sea interesante para el usuario, no meramente para nosotros. El cliente es el destinatario de la página web, no nosotros.
  4. Que la página web fomente el diálogo con nuestros clientes, que sientan que pueden hablar con nosotros y que se les escucha. Herramientas estandarizadas y universalizadas, como Facebook o Twitter pueden ayudarnos mucho en este sentido.

Desarrollaremos estos temas en posteriores artículos.

Y vosotros, ¿qué opináis?

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