La villa de Sanlúcar de Barrameda se encuentra situada en la desembocadura del río Guadalquivir, frente al Parque Nacional de Doñana, en plena ruta del vino.

Esta primorosa localidad, bañada por el Atlántico y acompañada por las aguas del Guadalquivir en su muerte en el océano, de casas blancas, de sol casi perenne, brinda un paseo lleno de encanto por calles plagadas de flores y aromas de Manzanilla, su vino rey.

Su privilegiada ubicación hizo que en el pasado las luchas por su dominio fueran constantes. Tartessos, árabes y cristianos codiciaron tan magnífico emplazamiento como lugar para asentarse. En la época cristiana fue cuando la villa vivió su máximo esplendor, de la mano de los Duques de Medina Sidonia, herederos de Guzmán el Bueno, heroico defensor de Tarifa. De esta época han llegado los más bellos monumentos y rincones de Sanlúcar, construidos alrededor del siglo XV, como el Castillo de Santiago, el Palacio de Medina Sidonia, y la Iglesia de Santo Domingo.

Pero además de estos lugares, se encuentran otros muchos que no deben pasar desapercibidos, como la Iglesia de Nuestra Señora de la O (siglo XIV), que es la más antigua del lugar y posee un bello artesonado mudéjar; el Palacio de los Infantes de Orleáns, actual sede del Ayuntamiento; y el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, obra renacentista en donde se rinde culto a la patrona.

Pero Sanlúcar es mucho más que monumentos y paseos por sus hermosas calles, también es un gran paraíso del tapeo y de la buena cocina, destacando sus pescados y langostinos. El barrio clave para llevar a cabo la cultura del tapeo es el barrio de Bajo de Guía, el cual fue antiguo puerto y barrio de marineros. Aquí el ambiente es de tabernas típicas marineras y es posible saborear platos como la sopa de galeras, raya a la naranja agria y lenguado a la vendimia, entre otras muchas imaginativas combinaciones. Todo ello en la desembocadura del Guadalquivir, frente a Doñana.

La manzanilla de Sanlúcar

Sanlúcar de Barrameda es la única ciudad, de las que forman parte del Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen “Jerez-Xérès-Sherry”, “Manzanilla- Sanlúcar de Barrameda” y “Vinagre de Jerez”, en la que se produce la Manzanilla.

La antigüedad oficial de su D.O. es del 8 de septiembre de 1932, aunque se tiene constancia de la producción de este vino en un Acta Capitular del Cabildo de Cádiz de fecha 4 de julio de 1781, al que ya denomina como Manzanilla a este exquisito caldo.

Uno de los factores más importantes que interviene en la calidad de la Manzanilla es la tierra donde se cultivan las cepas, considerada en esta zona como superior. También juega un papel muy importante el clima de esta comarca, una zona meridional cálida influenciada por la humedad del océano Atlántico y del río Guadalquivir. Un factor muy importante es el viento de poniente, que aporta la humedad marítima esencial en los meses secos del verano. La lluvia media anual es de 600 l/m², aportados en su mayor parte de octubre a mayo. Hay 290 días de sol anuales con una gran luminosidad. La superficie de viñedos en Sanlúcar es de más de 1.400 hectáreas.

La variedad apta para la elaboración de la Manzanilla es el Listán, también llamado Palomino Fino, una uva autóctona de la zona, blanca, de hoja grande, sarmientos semirastreros, racimos numerosos, largos y anchos y de bayas medianas algo aplastadas y hollejo fino.

Una vez llevada a cabo la vendimia, el mosto obtenido pasa a grandes depósitos de acero inoxidable donde se realiza su fermentación, la llamada Tumultuosa, que dura aproximadamente una semana, en la que más del 90% del azúcar que contiene la uva se convierte en alcohol etílico. Todo ello, a una temperatura controlada entre 18º y 22º centígrados. El siguiente paso es el de la fermentación lenta, en la cual el vino adquiere las características que definirán una primera clasificación fundamental para el futuro destino del mismo. Posteriormente, éste se encabeza con aguardiente de vino hasta los 15,5º y se inicia su crianza en botas dejando un espacio vacío en el que aparece espontáneamente, en su superficie, el llamado “Velo de Flor”, formado por varias especies de levaduras que lo aíslan del aire, ya que consumen oxígeno y desprenden anhídrido carbónico.

De esta forma se obtiene la Manzanilla, un vino pálido, amarillo pajizo, de aromas punzantes y sabor algo amargo (seco) y poco ácido. Su grado alcohólico oficial está situado entre 15º y 19º, aunque también puede lograrse entre 12,5º y 13,5º.

El término Manzanilla sólo se puede aplicar a un Vino de Calidad criado en Sanlúcar de Barrameda y reconocido como Denominación de Origen.

Según la antigüedad de la crianza, los tipos de Manzanilla son: Fina (4 años), Olorosa (5 a 7 años), Vieja (7 a 8 años), y Pasada (más de 8 años).

Pero en las bodegas sanluqueñas se elaboran también otros tipos de vinos del Marco, los famosos Fino, Amontillado, Oloroso, Palo Cortado, Cream, Moscatel, Pedro Ximénez y también Brandies y Ponches.

De igual forma se producen los conocidos Vinos de la Tierra de Cádiz. Éstos son vinos de mesa, jóvenes, blancos, también procedentes de uvas Palomino, con una notable aceptación.

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